
La mañana es fría en la ciudad capital, como lo son la mayoría de las mañanas de el ultimo mes del año, y sobre todo las de este año, donde a diario el clima rompe todos los récords de temperatura mínima de los años anteriores.
La cita es ha las 8:00 am, pero eso no importa estoy desde dos horas antes, en medio de una fila de alrededor de mil personas que soñamos con obtener el pase a nuestros sueños; estamos frente a la embajada de los Estados Unidos, somos hijos, hermanos, padres, nietos los que nos encontramos en la fila buscando obtener la tan anhelada visa, cada quien con su historia diferente.
Don Manuel un señor de 46 años que esta adelante de mi con vaqueros y chámara de mezclilla, unas manos que delatan que esta acostumbrado al trabajo manual, ese trabajo duro, me cuenta que quiere irse a trabajar con un primo en los viñedos del Valle de Napa recolectando uva para poder mantener a su familia compuesta por su esposa y tres hijos, ya que su sueldo de dos mil pesos a la quincena como obrero de una fabrica automotriz no es suficiente para darles comida, vestido y escuela.
También esta la historia de José un joven que quiere reencontrarse con su padre, ya que tuvo que emigrar cuando él tan solo tenia 3 años, ahora tiene 18, y no puede volver a México porque no tiene papeles, papeles que lo acrediten como una persona que se ha ganado la vida de manera honrada, desde entonces el único contacto es por teléfono, solo le conoce por la voz y por unas cuantas fotografías que les ha enviado por correo postal, no recuerda un abrazo de su padre, el festejo de un cumpleaños con su viejo, el regaño de un padre por su primera borrachera.
¿Y cual es la historia por la que estoy aquí? Ni yo mismo se porque estoy aquí, tengo trabajo gano lo suficiente para no tener ninguna carencia, tengo a mi familia de este lado de la barda, no me absorbe el deseo consumista de acaparar con todos los descuentos que ofrecen los centros comerciales, ni siquiera el espíritu turista de conocer New York la llamada capital mundial, con todos y sus yankees, ni cuando era niño soñaba con ir a Disneylandia, tampoco me imagino en Las Vegas experimentando cuantos grados de alcohol tolera mi cuerpo, ni llendome de putas.
¿Entonces que hago aquí? No lo sé, tal ves con los 1,450 pesos mas desperdiciados de mi vida.
Después de un revisión exhaustiva de parte de las personas encargadas de la seguridad de la embajada, y de revisar mi documentación me asignan la ficha 1016, espero mi turno de manera paciente, observo las personas que convergen a mi alrededor, los hay de todos los tipos, los empresarios, los que son estudiantes, los asalariados, los pobres, dicen que las apariencias engañan, nunca he estado mas desacuerdo con eso que en esta ocasión, se puede distinguir perfectamente cuales son los motivos que tiene cada quien para obtener la visa, todos se delatan, el que nunca ha usado un traje y lo trae puesto por primera vez, el que se desenvuelve con la seguridad que otorga un alto puesto en alguna empresa, la que esta nerviosa, la que esta rezando mentalmente por un favor divino que le permita reunirse con los suyos.
La pantalla marca el 1016, mi turno, me toman la fotografía y las huellas de los diez dedos de mis manos, me asignan el cónsul numero 11, espero 20 minutos y paso con él, -hombre, 33 años, blanco, delgado, cabello corto-
Buenos días -digo, buenos días -contesta él en buen español, ¿Cuantos años tienes? -pregunta-
25 -le respondo-, ¿A que quieres ir a los estados unidos? De vacaciones -miento-, ¿ A que parte? A California -vuelvo a mentir-, ¿A que te dedicas? Soy ingeniero industrial -por fin digo una verdad- ¿Tienes tu cédula profesional? Si -igualo mentiras y verdades- ¿Me la muestras? Le paso la cédula profesional y la observa con detenimiento, me la regresa, -Tu solicitud ha sido otorgada, pasa a paqueteria a pagar el envió. Juro que no me causo ninguna sensación su respuesta, cuando solo al 5% de los solicitantes se la otorgan, y yo formaba parte de esos pocos.
Voy a multipaq y pago 135 pesos, en una semana aproximadamente te llega al domicilio que pusiste en la forma, me dice la encargada.
Salgo de la embajada y afuera hay infinidad de personas esperando el resultado de su familia, amigos, esposos, se ven desesperados, angustiados, sale una mujer de 48 años adelante de mi, falda larga, su historia pude ser cualquiera, su familia este enfrente al otro lado de la calle, abren los brazos y preguntan con la cabeza ¿Que paso? Ella por respuesta agacha la cabeza y rompe en llanto.
A Don Manuel y a José también se las negaron.
Al que no tiene ni puta idea para que usara la visa se la dieron, la vida es injusta siempre lo he creído.


